Otras formas de porno son posibles

Valeria De Dios

La pornografía tiene sus inicios en la literatura erótica del siglo XIX, sin embargo, tal como la conocemos ahora tuvo su eclosión a partir de los años 70s, un punto de referencia es la película Garganta Profunda de Gerard Damiano[1]. La pornografía mainstream[2] es aquella de producción mayoritaria, misma que se ha apropiado de todos los espacios posibles, generalizando una única opción de mostrar la sexualidad a través de representaciones que no pueden ser miradas sin lujuria, sin fascinación, sin inquietud o sin miedo; es producida hacia un consumo masculino, se inscribe en un sistema de representación heterocentrada, teniendo en cuenta una mirada masculina; y los genitales masculinos como centro de su narración.

Dicha pornografía simplifica nuestra sexualidad al coito, trabaja siempre sobre la misma representación: coito, felaciones, eyaculación – “(…) es la evidencia de que todo lo que ha pasado frente a cámara ha sido verdadero, constituye el distintivo de la discursividad pornográfica actual(…)”[3] y orgasmo; lo cual responde a la concepción de la sexualidad donde lo “normal” es igual a lo heterosexual, el sexo es igual al coito, y los genitales son la única zona erógena de los cuerpos. Se muestran recursos repetitivos, construyendo una visión totalitaria de genitalidad sobre la pornografía, a partir de esta estrategia los cuerpos dejan de ser tales para ser zonas fragmentadas, es decir, se muestran escenas donde una persona eyacula en el rostro o alguna zona de una persona, tomas de partes del cuerpo fragmentadas, tomas de primer plano de los genitales, tomas de la gestualidad corporal y facial exagerada. En este sentido, el cuerpo pasa a ser un objeto, cosificado, condicionado por las penetraciones y eyaculaciones. El hombre es siempre el sujeto activo, penetrador frente a las mujeres u otros hombres, dado que parte del cine porno gay generalmente reproduce dichos roles  (una parte pasiva y la otra activa).

Los mandatos y atributos de la masculinidad se ven representados en ella, el hombre como sujeto dominante poseedor del poder; y las mujeres como objetos que disfrutan en la medida en que complacen a los hombres. Por otra parte, ridiculiza las sexualidades alternativas, es decir, la existencia de otros cuerpos, orientaciones, identidades, expresiones sexuales y practicas; nublando completamente cualquier otra expresión que las personas puedan hacerse respecto a la sexualidad. De esta manera, produce significados, construyendo y definiendo las fantasías políticamente incorrectas respecto a la sexualidad, al ser una socialización dominante dicha representación es normalizada; en la sociedad persiste un tabú en relación a la sexualidad, por lo que el porno se convierte en el único campo que acompaña y por tanto educa desde una visión androcéntrica que reproduce la violencia en contra de las mujeres.

La pornografía se colocó dentro del debate feminista a principios de los 80’s, en torno a dos posturas dentro del contexto norteamericano: “Women against pornography” (Mujeres contra la pornografía[4]); y FACT “Feminists Against Censorship Taskforce”, quienes publicaron el libro “Women against censorship” (Mujeres contra la censura).[5]En 1982 se organiza en la Universidad de Columbia un simposio titulado “Hacia una política de la sexualidad” donde se abrió un debate respecto a la postura antipornográfica.[6] Tales posturas, son relevantes, al analizar la pornografía desde el feminismo anti-porno se evidencian los roles sexuales según lo que se espera de cada cuerpo asignado como femenino o masculino, contribuyendo así a una naturalización del sexo en términos heteronormativos. La pornografía cultiva la violencia feminicida: ahí se enseña a maltratar y humillar de todas formas posibles a las mujeres, esta violencia va en aumento. Dichas representaciones propician que, las personas sean menos capaces de percibir la violencia sexual como violencia, naturalizándola, reproduciéndola y reforzándola. Ciertas categorías pornográficas juegan un papel importante para crear una cultura feminicida, algunos ejemplos de ello son que, en una gran cantidad de material se cubre el rostro del hombre para no revelar su identidad y el de la mujer no; existe la representación de violaciones y otras agresiones sexuales como material atractivo; y categorías donde las mujeres fungen un rol de esclavas sexuales del hombre; así como otras donde tienen que aparentar tener la menor edad posible como si fueran niñas.

Sin embargo, es relevante no sólo cuestionar la pornografía tradicional desde la critica a los privilegios de los varones; sino también, a través de los aportes del feminismo pro-sexo, que permitan no alejarnos, sino apropiarnos de los espacios de representación de la sexualidad como un campo a través del cual sea posible hacer política, mediante un porno cuyo objetivo no sea exclusivamente que el público se excite, sino también cuestionar, evidenciar. Es decir, permitiendo dar visibilidad a los placeres y corporalidades no normativas poniendo sobre la mesa el debate acerca del sistema heteronormativo, patriarcal y falocentrista.

En el porno feminista se encuentra la diversidad de cuerpos, de zonas erógenas, de estilos de relaciones sexuales. No se centra tanto en el coito y en eyaculaciones, sino en la experiencia erótica. Ejemplo de ello es que en el 2006 con la creación de Feminist Porn Awards (FPA) fundado por Chanelle Gallant y parte del personal de la juguetería sex-positive para adultos Good for Her, de Toronto, se refirió que podían postularse las películas que cumplieran con criterios como: que una mujer formara parte del proceso de producción, dirección, etc.; que mostrara un autentico placer femenino; y que el film expandiera los límites de la representación del sexo desafiando los estereotipos[7]. Otro aporte se visibiliza en el trabajo de la directora de cine para adultos Erika Lust, una de las caras visibles del porno independiente en Europa, quien a través de su trabajo visibiliza cuerpos normales con los que la mayoría de las personas nos podemos identificar; en dichos filmes los cuerpos no se adaptan a los estándares actuales de belleza, representan la variedad de cuerpos, razas, edades, orientaciones, expresiones. Es decir, muestra una expresión incluyente, abierta a todo tipo de sexualidades, superando los estereotípicos patrones del porno tradicional, saliendo del esquema felación-coito-eyaculación, en ellas hay una diversidad visual que no se limitan a los genitales; se valora el placer femenino en la sexualidad, los deseos de las mujeres estén representados desde una visión de igualdad y por tanto constituyen una propuesta para las mujeres que han estado marginadas desde siempre en este mundo.

En la pornografía feminista hay una cara real, sin embargo, en la pornografía tradicional no sabemos quién hay detrás de lo que se está viendo. En los fragmentos de dichas propuestas pornográficas no hay espacio para la mujer objeto, retratan a la mujer como lo que es, como un sujeto de deseo con sexualidad propia, deseos propios y con autonomía para decidir qué quiere, cuándo y cómo lo quiere, no como un objeto al servicio del hombre. Las estrategias que cada uno de estos proyectos porno utiliza para difundir sus productos son a través de la visibilización de su contenido como una herramienta didáctica y real, caracterizadas por dar especial relevancia a la historia donde aquello que se graba suele girar en torno al deseo sexual de las propias actrices y el papel de la cámara es más documental, dejando de lado el porno mainstream que únicamente establece los cuerpos de las mujeres como un instrumento al servicio del heteropatriarcado posicionando la existencia de la mujer en la medida en que satisface al hombre, donde actores y actrices muestran cuerpos artificiales que no nos representan y donde la estética y la narrativa pasan a último plano.

Por otra parte, en los últimos años, emergieron dentro del porno materiales que transgreden los convencionalismos del porno machista, intentando generar otro tipo de mirada hacia la sexualidad a través de representaciones como forma de resistencia a dicho discurso normativo de la industria pornográfica mayoritaria. Es así que, en 1989 Annie Sprinkle utilizó por primera vez la expresión “postpornografía”, en la cual, tal como refiere Romina Smiraglia, la característica que diferencia a la pospornografía de otro tipo de pornografía no se centra en el resultado discursivo, sino también en el modo de producción de los contenidos[8]. Dicha producción conlleva un enfoque con fines políticos, humorísticos o críticos como respuesta al porno tradicional.[9]

Desde este punto, existen otras maneras de hacer porno, donde la sexualidad puede ser política y artística, el postporno es un planteamiento crítico en torno a la representación de la sexualidad, que abiertamente se opone a las imágenes, prácticas sexuales y cuerpos que suelen predominar en las imágenes pornográficas de consumo masivo, a través de la reapropiación de la imagen pornográfica para visibilizar otras identidades, cuerpos, prácticas y placeres sexuales fuera del espectro heterosexual masculino que históricamente ha dominado en la pornografía.

En el caso del postporno aplica la frase” lo personal es político”, ya que trabaja por re-politizar el espacio privado y considerar el cuerpo, la vida privada y la sexualidad como un espacio de la acción política. Tal como menciona Antonio Romero, una cuestión muy relevante es que no sólo consiste en una cierta producción estética de representaciones en torno a la sexualidad, sino que también funciona como un “(…) espacio para trazar redes afectivas, redes políticas, alianzas y colaboraciones (…)”[10] Hay una compleja y diversa red de acciones políticas y artísticas, no sólo participan en la cinta como agentes culturales o activistas en el ámbito de lo simbólico, sino también, en relación a sus testimonios dan cuenta de cómo su práctica artística es también un trabajo sobre su propia identidad y sexualidad.

Finalmente, si la pornografía reflejara la diversidad de opciones, orientaciones, expresiones e identidades sexuales que tenemos las personas, se mostraría que la diversidad de gustos y prácticas es lo normal y no que el sexo se resume en el coito y que todo encuentro sexual finaliza con una eyaculación masculina. Por tanto, la pornografía se constituye como un arma muy poderosa que no debe ser dejada en manos de quienes la construyen a través de la heteronormatividad, por ende, la mejor respuesta contra la pornografía mayoritaria no debe ser el suprimir todas las expresiones de la sexualidad, sino por el contrario, la generación de contenidos alternativos hechos desde miradas diferentes a las que actualmente se encuentran generalizadas.

 

Referencias

[1]Milano, Laura.  La maquinaria porno, Usina posporno: disidencia sexual, arte y autogestión en la pospornografía. – 1a ed. – Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Título, 2014. Pág.37

[2] Concepto contemporáneo que refiere a una ccorriente/tendencia mayoritaria misma que se encuentra atravesada por procesos de estandarización con la finalidad de generar rentabilidad.

[3] Milano, Laura. La maquinaria porno, Usina posporno: disidencia sexual, arte y autogestión en la pospornografía . – 1a ed. – Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Título, 2014.Pàg.44.

[4] Grupo creado en 1979 por feministas en favor de la censura de la pornografía, encabezadas por las abogadas Andrea Dworkin y Catharine MacKinnon

[5] Este grupo estaba liderado por Lisa Duggan, Nan Hunter y Carole Vance

[6] Egaña Rojas, Lucía. La pornografía como tecnología de género Del porno convencional al post-porno. Apuntes freestyle. Publicado en la revista lafuga.cl el año 2009. http://www.lafuga.cl/la-pornografia-como-tecnologia-degenero/273

[7]Tristan Taormino, Celine Parreñas Shimizu, Constance Penley & Mireille Miller-Young. Porno feminista, las políticas de producir placer. Traducción de Begoña Martínez. Editora Melusina. 2016. Pág. 15.

[8] Smiraglia, Romina. Sexualidades de(s)generadas: Algunos apuntes sobre el postporno. Revista de la Asociacion Argentina de Estudios de Cine y Audiovisual. 2012.

[9] Para mayor información véase Sprinkle, Annie, Post-porn Modernist: My 25 Years as a Multimedia Whore, Cleiss Press: San Franciso, 1998.

[10] Romero, Antonio. “Mi sexualidad es una manifestación política y artística”. Ámbitos de la pospornografía en el México contemporáneo. Rev. interdiscip. estud. género Col. Méx. vol.4  Ciudad de México  2018  Epub 19-Mar-2018

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